¿Qué castigo merece una spankee que amenazó con palmadas a su spanker?
¿Qué castigo merece una spankee que amenazó con palmadas a su spanker?
- Te pregunté : ¿que castigo merece una spankee que amenazó con palmadas a su spanker?- repitió la frase en el MSN
Yo había intentado callar en defensa propia, pero a su pedido finalmente le conté punto por punto mis ideas acerca de como debía ser castigada…
Primero me mandó a reflexionar de rodillas por 10 minutos antes de vernos en persona, así mi mente se prepararía. También debía practicar una actitud específica en la que exponía mis intimidades para su escrutinio.
Cuando llegó el momento hice mi mejor revencia, inclinando mi cabeza hasta tocar con la frente la alfombra, el cuerpo desnudo se me erizaba en contacto con la rugosidad del piso, tan cercano a sus pies. Luego mis manos estiraron mis cachetes hacia los costados, tal cual lo había él mandado. El ruido tan caracteristico de la hebilla del cinturon al ser abierta me llevó a poner atención al atrevimiento que cometía atisbando indisimuladamente en sus pertenencias dentro del bolso. Varios correazos cayeron en mis muslos. Guardé silencio, porque sabía que sólo podría “pedir su perdón” cuando él ya me hubiera disculpado juzgandome sin mediar palabra. Acarició mi cabello, fue guiandome hasta acomodarme cual cuadrupeda y de ahí me encaminó de una oreja hacia la pared
- Ponte de cara al rincón. Buscaras en tu interior una forma de excusarte previa a la paliza que te has merecido
Lo escuché revolver algo en el baño. Me ordenó ponerme de pie, yo seguí muda porque aún no tenía claro que decir. Y sacar la lengua no resulta tan gracioso delante de una jabonera, ¡puaj!. Me lavó la boca con jabón, para que piense antes de decirle tonteras. Luego le llegó el turno a mis manitas, esas que habían ofrecido azotar su trasero; una, dos, tres… una docena de reglazos en cada palma. Mis dedos se encogían, picaba mucho, dolía en serio.
- Mil perdones haber leseado con lo de zurrarte yo a ti. Por favor pégame y enseñame a portarme bien, a no ser insolente ni desobediente- le dije adoptando la misma posición inicial pero esta vez concentrada de verdad en la situación que se avecinaba. Sin culpa pero sin gloria.
Instantáneamente me regaló su perdón, besó mi espalda y hundió su índice en mi vagina. Me avergonzó ya estar mojada, pero oí sus risitas y supe que le gustaba. Igual me advirtió que ni se me ocurriera conquistarlo durante la aplicación de la sanción. Levantó mi barbilla, fijó su mirada en mis pícaros ojos verdes, tal vez confirmando en ellos la honestidad de mi afirmación. Acercó su dedo a mi boca, yo lo chupé. Lanzó besitos al aire, yo me incorporé velozmente para devolverselos en sus labios. Estaba sonriente, alegremente seguí besandolo deliciosamente, tanteando su guata calientita con mis abrazos.
- Recuerdas que hiciste algo muy malo ¿cierto? ¿Qué fue?
- Mmm Fue mandarle plas-plas a mi spanker
- Ok ¿Qué merece eso?
- Castigo severo
Sobre la misma me propinó unas cuantas manotadas en el culo. Señaló la cama y supe que era hora de mostrarle que había practicado la posición. De espaldas sujeté mis pies apuntando hacia el techo, mi cosito y mi hoyito quedaron listos para su revisión total. Se puso un guante quirurgico y procedió, parte por parte a penetrar las zonas. Tuve muchas cosquillas.
Mis gluteos tirantes fueron blanco perfecto para los golpes de precisión. Si corcoveaba me tocaba un desliz de yemas por mi vagina pegajosa. Nuevamente acercó su dedo a mi boca, esta vez quise regodearme en su paciencia, lo mordí suavecito… En un santiamén me había girado de bruces, aplastándome de la cintura mientras aplicaba concienzudamente varias poderosas nalgadas a mi retaguardia saltona. Percibí que encendía algo eléctrico, las alternativas eran el cepillo o el plug. Me entró el susto por la piel de gallina. Supliqué, adjudicandole la responsabilidad a la “niña mala”, y prometiendo que iba a ser buenita yo. Vació su bolso sobre la almohada, evidentemente si seguía con las chambonadas podía contar con que mis pompis quedaran ardientes; aparte habían esposas, cremas y aparatos mecánicos. “En cuatro” contuve el termometro en mi ano, a la par que lamía sus testiculos.
- Tu castigo terminará con 100 correazos, cuenta en voz alta.
- Uno, perdon, no lo vuelvo hacer, gracias merezco otro mas... Cien perdon, no lo vuelvo hacer. Gracias
Mi spanker se apartó, a contemplar su obra maestra. Yo hice una agradecida reverencia y le sonrreí, contenta de haber concluido aquello… y entusiasta de tener campo libre para la conquista traviesa y sensual.
